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The Fan Garden es un fic creado por Kioyu y Yuzu, originalmente fue pensado como un fic a futuro, hasta que finalmente se puso en marcha. Está basado en el juego "The Gray Garden" contando con los usuarios de Fan Labor como protagonistas.

"Tiempo atrás, dos bandos se debatían el poder sobre el mundo, era una batalla eterna por los ideales. La guerra pronto consumió a cada bando, de forma horrible, comenzaron a luchar en una batalla campal sin distinguir rival. Lentamente, la tierra por la cual peleaban se tiñó de sangre, las plantas que algunos codiciaban perecieron. Las estructuras se desmoronaron, la inteligencia se perdió y el fuego consumió cada fragmento.

Los años avanzaron, la guerra sin cuartel continuaba ferozmente, pero ahora no eran dos bandos. Los líderes originales de cada ideal, se habían unido, para frenar a sus enardecidos ejércitos. Ver pelear a personas con sus mismos ideales, incluso familiares y amigos, que llegaban a morir por una idea absurda era un hecho que no podían permitirse. La lucha fue la única solución, luchar contra quienes alguna vez los habían apoyado, volver a un inicio para comenzar nuevamente.

Afortunadamente, el combate tuvo un final benévolo, tras rescatar a unos pocos de cada bando decidieron forjar una paz duradera. Había ciertos temores, desconfianza incluso entre los del mismo bando, pero la lealtad que le tenían a sus líderes pudo más que los temores. Comenzaron a reconstruir lo que había quedado al borde del colapso, raíz por raíz, ladrillo por ladrillo.

La paz reinó y el mundo volvió a ser como alguna vez había sido. Pero mucho mejor, ya no había conflictos y ambos bandos se habían adecuado lo suficiente al otro. Los disturbios habían cesado, por el momento, pero nunca dejaron de entrenarse. En su interior, presentían que una defensa era necesaria, no podían permitirse que alguien destruyera el esfuerzo de tantas generaciones."

Capítulo 1

El castillo era una imponente estructura situada a las afueras del pueblo, a pesar de su majestuosidad, cualquiera podía visitarlo. Las ventanas dejaban entrar la luz libremente, el piso blanco resaltaba cada vez que el brillo lo tocaba, los reflejos de cada persona podían apreciarse como un espejo. De los muchos que habitaban el lugar, habían dos en particular que gobernaban, seres que anteriormente eran antagónicos e incluso lucharon a muerte. -Pareces preocupado- intervino la muchacha levantando su mirada hacia su contrario, ambos parecían analizar en silencio cada suceso, ella podía leer incluso la mueca más diminuta. El silencio se apoderó del lugar, mientras sus miradas seguían combatiendo, lentamente el muchacho levantó su mano para acomodar su capa negra por sobre el traje. -No es nada, solo pensaba- se excusó molestando de cierta forma a su compañera quien no dudó en replicar. -Mientes, Sei, te conozco mejor que nadie. Hemos peleado a muerte tantas veces, que esto ya me es fácil.- las palabras parecieron irrumpir en la mente del peliblanco. -Yuzu, ¿Olvidas que debes respetarme?- la voz de aquel sujeto pareció esparcir la seriedad sobre el ambiente.

Yuzu se encogió de hombros, miró el cielo, luego su reflejo. Acomodó su cabello y suspiró antes de volver a enfrentar su mirada, lucía relajada y desinteresada en aquel punto. -Respetar a los viejos, por supuesto, viejo- respondió burlándose, los dientes del muchacho crujieron al cerrarse de repente, pero extrañamente la furia no se apoderó de él. Manteniendo su temple, simplemente asintió con la cabeza, deseando que con aquello se olvidase el primer asunto. Estaba preocupado, lo había sentido y era evidente que ella también, pero de los dos él siempre fue el más precavido. Había movilizado a sus más leales servidores, una misión de la que Yuzu no estaba enterada, no deseaba involucrarla tan de repente.

-¿Dónde está él?- preguntó nuevamente la chica y esta vez no había escape. -¿Él?- preguntó disimuladamente el albino, tratando de escapar del asunto. -Sei, estás raro, ya van dos preguntas que me evades.- la chica mostraba su disgusto en aquella expresión, odiaba que le mintieran, le ocultaran las cosas o incluso que rompieran promesas. Seicer estaba por hablar cuando en aquel momento, una sombra se hizo presente, fugazmente otra persona irrumpió entre ambos. "En el mejor momento" pensó el muchacho mientras se limitaba a girar su mirada hacia el recién llegado. Dei, era su mejor soldado y además su hermano, al parecer había vuelto justo a tiempo para salvar al mayor de tal situación. -Disculpen la demora, estaba supervisando las actividades diarias.- se presentó mientras que su hermano captó aquel mensaje. No había encontrado ningún indicio, las actividades continuaban normalmente, la tranquilidad pareció invadirle por unos minutos.

Yuzu sonrió mientras le asignaba a Dei la tarea de supervisar el instituto de aquel lugar. Mientras regresaba notó el cambio en su amigo, lentamente se acercó a él sin ser detectada y cuando estuvieron lo suficientemente cerca le habló. -No creas que me he olvidado, quizás hoy no me lo digas, pero tarde o temprano lo sabré.- confesó mientras se dirigía a la puerta en silencio. -No debes preocuparte, todo estará bien.- respondió el muchacho alzando su mirada hacia el techo. Las escenas de cada batalla se distribuían en una pintura, era digno de recordarse, si se exceptuaba el hecho de que algunos fallecidos le habían sido leales. -El calor de la batalla, algo que pronto reviviremos...- susurró en soledad, pensando en lo que podría ocurrir. Debían encontrar rápidamente la fuente de aquel disturbio.

Capítulo 2

La figura al otro lado del pasillo se limitó a salir al jardín que se encontraba a pocos metros de ella. El ambiente se estaba poniendo pesado y el sol iluminaba cada rincón del castillo. Yuzu admiró la gran cantidad de flores que se encontraban allí,definitivamente era su lugar favorito en ese pequeño mundo que gobernaba. Desde que la guerra había terminado,se había acostumbrado a una vida monocromática. Y así se sentía todo para ella. Bajó la mirada admirando sus ropas,blancas,como siempre. Vacía,carente de color. Sus pensamientos fueron interrumpidos por un escalofrío que recorrió su columna vertebral. Ese mal presentimiento junto a un mal sabor en la boca la habían estado molestando últimamente. Definitivamente Sei sabía algo al respecto,pero definitivamente no iba a comunicarle nada. -Hey,anciano...¿Quisieras dar un paseo por el jardín?- Dijo,intentando romper con la extraña atmósfera que se había creado entre ambos. -¿Para qué? Avril supervisó a todos por allí,no hay razón para preocuparse.- Respondió el albino mientras se aproximaba a Yuzu lentamente. -Tú siempre tan optimista~ - Acomodando un poco sus cabellos azabache,volteó a verlo. -Vamos,he oído que las amigas de Forsi y Val hacen un pie de manzana muy bueno.- Agregó con una sonrisa. Sabía la debilidad que Seicer tenía ante los dulces.

Pronto ambos se encontraban en su camino hasta la casa de las chicas,escoltados por Avril y Dei. - Así que,¿Por qué iremos con las pueblerinas?- Murmuró Avril,cruzándose de brazos. - Su vejestad quiere pie de manzana.- Respondió Dei. Las risas no tardaron en invadir el ambiente,a excepción del albino,que únicamente negó con la cabeza como un gesto de desaprobación.

Al otro lado del sendero se encontraba una Forsi un tanto desesperada,que corría de acá para allá agarrándose la cabeza. - ¡No puedo creer que Yuz y el Viejo vengan a almorzar! ¡Me hubiera apurado para recoger esas manzanas! ¡Ahora tendrán que esperar!- Sus palabras eran por poco inentendibles. -¡Forsi,cálmate! ¡Vas a tirar todo!- Respondió Val,quien la seguía desde atrás. La menor asintió. - ¡Sí,tienes razón! Tú encárgate de las manzanas,yo voy a ayudar a Vera y Azu a poner la mesa~- Canturreó mientras entraba a la casa de ambas muchachas. - ¡A eso no me refería! Ugh...- Murmuró una vez más la rubia,cargando una canasta. Dentro del pequeño hogar que compartían,estaban Azu y Vera lavando los platos. - La gotita de Magistral hará que mi vajilla se vea divina~- Dijo la pelirosada mientras frotaba un par de cubiertos con una esponja. El resto de las chicas en la sala se limitaron a asentir,realmente no sabían a qué se debía la obsesión de Vera con ese detergente.

El timbre tocó un par de veces. Ambas deidades y sus respectivos acompañantes habían llegado. -¡Yuz! ¡Su Vejestad! ¡Avri! ¡Dai!- Gritó Forsi,por poco arrojándose sobre la muchacha de cabello azabache. - Hey Forsi,veo que creciste bastante...- Respondió Yuzu riendo por lo bajo. A pesar de ser una figura divina,su apariencia había dejado de ser intimidante hacía años. Sei,a diferencia suya,era exageradamente alto,y su figura imponía autoridad. Suspiró tomando asiento,invitando con la mirada a ambos ángeles y al "Diablo" a acompañarla.

Capítulo 3

Todos parecían estar en armonía a pesar de sus razas distintivas y sus posiciones, poco a poco Avril pareció dejar de lado aquella actitud terca y comenzó a reír junto a las pueblerinas. La reunión fluía con naturalidad, la vejez parecía signo de chiste rutinario, a pesar de las risas Sei no levantaba un músculo para defenderse. Aquella actitud serena contrastaba con aquel rey demonio de antaño, Yuzu solía notar su autoridad en ciertas ocasiones, pero cada vez parecía más amable. Claramente, a su manera, ya que no dudaba en clavar una fría mirada a quienes le molestaran. -Está...bueno...- comentó por lo bajo mientras disfrutaba la comida, su afinidad por los dulces era cuestionable, pero siempre le gustaba comer con sus amigos. -¿BUENO? ¡HE ESTADO HORAS PARA HACERLO!- gritó Forsi mientras que Val le dio un fuerte golpe en la cabeza -Si hace un momento estabas como loca porque no sabías que hacer- aquel comentario despertó las risas en el lugar, hasta que un grito los puso a todos en alerta.

Yuzu salió hacia la puerta notablemente asustada, todos la miraron mientras señalaba a una criatura, un pequeño animal que croaba y saltaba dentro de la casa. -¡MATEN A ESA COSA!- ordenó Yuzu entre miedo e ira, Avril no se animó a dar el primer paso, todos parecían demasiado asustados para encargarse. -Uhm, ¿Qué ocurre?- preguntó Sei, demasiado concentrado en la comida para visualizar su alrededor, detrás de Yuzu todos se encontraban señalando a la criatura. -Está bien...- Sei se levantó y alzó una mano hacia el animal, sin mediar palabras una gran bola de fuego surgió consumiendo a la criatura hasta hacerla cenizas. Todos los presentes aclamaron al "Diablo" mientras este solo se encogía de hombros para volver a comer, era algo irónico que la diosa de aquel lugar, le temiera tanto a esos pequeños bichos inofensivos. Sei recordaba bastante bien una vez, que estuvo a punto de destruir el castillo solo porque uno había entrado a su habitación.

Tras la comida Sei se retiró junto con Yuzu, como era habitual pasaron un momento en la playa, aunque dentro de la casa se debatían otras teorías. -Dei, tu hermano ¿Sale con ella?- preguntó la pelirosa mientras seguía lavando con su detergente favorito. -¿Qué? No, solo son buenos amigos- respondió el ángel siendo interrumpido por Avril -Del odio al amor, jijiji- aquella frase hizo que Forsi y Val comenzaran a saltar por toda la casa mientras que Vera cantaba sobre el Kizu, Suzu por su parte prefirió jugar con su celular, manteniendo la distancia entre tanta locura. En la playa, ambos gobernantes paseaban por la orilla, recordando los viejos momentos vividos. Una rutina diaria que ambos compartían, quizás porque siempre que volvían solían pensar en todo lo que habían logrado. -Sei, cuando estábamos en guerra, estabas por lanzar un ataque. Pero te detuviste- recordó la gobernante frenando su caminar. El albino asintió con naturalidad, aquel ataque hubiera sido el final de todo el conflicto, pero algo había detenido aquel impulso. -Pude notar que no era necesario, solo hubiera causado más desesperación, todos estaban muriendo...- recordó con pesar, aquella guerra le seguía afectando, también el hecho de que su mejor amiga hubiera estado involucrada. -¿Ah sí? Dices que soy más débil que los trucos de un viejo, ja, claro- bromeó Yuzu mientras se adelantaba, una figura desconocida se acercó a los dos.

-¿Quién eres? Nunca te habíamos visto- reconoció la gobernante, manteniendo una buena actitud, el silencio de Seicer no fue nada de otro mundo. Siempre que veía a alguien desconocido se mantenía en aquella seriedad, lentamente el extraño se acercó sin intenciones claras. Frotando con sus garras su cabellera negra, comenzó a reír nerviosamente, parecía un completo forastero. -Lo siento, soy Red, he aparecido aquí sin más jajaja- aquella risa nerviosa hizo dudar a ambos gobernantes, quienes decidieron interrogarle un tiempo más. -¿Estás perdido o algo?- preguntó el albino sin mucho animo, temía que fuera algún invasor, aunque la respuesta pareció tranquilizarlo. -De hecho sí, me preguntaba si aún aceptan residentes, no tengo mucha idea de las cosas por aquí- su actitud era relajada, no ocultaba intenciones y simplemente parecía una buena persona que había caído al mundo de casualidad. -Uhm, tenemos residencias claro, sigue todo derecho hacia arriba y encontrarás el castillo puedes quedarte ahí mientras construimos algo para ti- indicó el demonio, Yuzu sonrió, siempre parecía que él quería ser el malo pero en aquel momento se mostraba como alguien comprensivo.

-Haz progresado bastante con esa actitud- comentó mirando el vasto océano, el sonido de las olas parecía no molestarle, aunque la fascinación del albino la superaba con creces. Desde siempre había visto el mar, incluso solía ir a aquel lugar a solas, el paisaje, las olas, los sonidos. Incluso su personalidad parecía más cálida en aquel lugar. -Solo, hago el intento- respondió mientras el sol comenzaba a caer, ambos parecían amigos de toda la vida. A pesar de que los tormentos del pasado solían amedrentar en las sombras. Luego de la caída del sol, los dos desaparecieron del lugar, dejando un vacío en el lugar. El ambiente no era el mismo si ellos no se hacían presentes.