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El sonido del metal chocando contra el suelo era constante, las chispas que se notaban a la distancia hacían hincapié en no acercarse demasiado. Una unicornio de melena clara y cuero verde se veía conectada a varios artefactos, en cada casco una esposa la aferraba a una gran maquinaria, que distribuía el peso con varias placas de metal. Cada vez que se hacía un esfuerzo considerable el metal ascendía, para luego caer en cuanto el cuerpo se relajase, los ojos de la criatura brillaban con determinación, no se rendía a pesar del gran esfuerzo que le ocasionaba a su cuerpo. Notaba una serie de números frente a ella, sin embargo, por más que subieran no se detenía en su labor. -Prismagic, estos resultados son muy superiores a los usuales.- comprobó un pegaso tomando notas en una tableta digital, se notaba bastante preocupado pero Prismagic apenas lo miró, simplemente continuó su rutina exigiendo aún más su cuerpo. -Más...- ordenó al pegaso mientras las gotas de sudor caían por su cabeza, estaba agotada, su voz apenas se distinguía de su respiración pero aún así deseaba aumentar aquella tortura. -Subiendo.- confirmó el otro aumentando la gráfica de su tableta. Mientras lo hacía varios bloques de metal comenzaron a caer sobre los que ya se encontraban, al finalizar, el peso se había quintuplicado.

Sorprendido el pegaso retrocedió al ver como Prismagic levantaba completamente el peso con su cuerpo, era algo que nunca había presenciado. La fuerza de aquella criatura ya no se podía comparar a niveles normales, había sobrepasado la fuerza de criaturas del triple de su tamaño. -Esto...es imposible...debo informarlo- comentó nervioso mientras presionaba algunos botones en su tableta. Prismagic no le dirigió la palabra, nuevamente comenzó a adecuarse al peso, para que luego de unos minutos volviera a un ritmo consistente. Finalmente , luego de una larga rutina, la asesina se liberó notando su cuerpo cansado pero a la vez fortalecido. -Tu cuerpo está al límite, si sigues podrías desgarrarte o algo peor.- le comentó el pegaso que fue silenciado nuevamente con una seña de la mujer. -Nada de detenerse, activa a los oponentes, mi entrenamiento apenas comienza. Un desgarro no significa nada, voy a entrenar hasta que pueda romper diamantes con cada fibra de mi cuerpo.- la voz de Prismagic intimidó al pegaso quién asintió para acto seguido activar varias armaduras.

Los robots eran similares en tamaño, pero completamente negros, eran huecos y vacíos pero programados para neutralizar cualquier amenaza. Su nivel en combate era superior a muchos ponys, se le consideraban un privilegio de la ciencia. Su cuerpo reforzado era resistente incluso al calor o al frío, un grupo de seis como aquel podían fácilmente encargarse de un alicornio adulto. -Con el debido respeto, su cuerpo no está en las condiciones optimas...- sugirió el asistente pero en aquel momento Prismagic le dirigió una mirada que le hizo cerrar su boca. Había dicho que podría hacerlo, su orgullo estaba en juego, podía sentirlo en su interior. No debía retroceder ante nada, aunque su cuerpo se desplomara pelearía, debía volverse tan dura y fuerte como aquella raza.

Un fuerte impacto se hizo presente, lo que el pegaso pronto describiría como suicidio, a pesar de las heridas notables y de la sangre que fluía ella siempre se levantaba. Cargaba contra los oponentes como si su vida dependiera de permanecer de pie, las heridas comenzaron a cubrirla hasta que la sangre pareció un color más de su cuerpo. Sorprendido el individuo fue testigo de como cada una de las armaduras era destrozada hasta que finalmente, una última cabeza metálica chocó contra sus cascos antes de ser aplastada completamente. -Necesitaré rivales más poderosos, una maquinaria más pesada y que localicen a esa plutónica...- ordenó mientras salía hacía la enfermería. El pegaso comenzó a trabajar antes de que la puerta se cerrara tras él.

Prismagic observó el cielo de su reino, una oscuridad que poco se diferenciaba de los edificios, de no ser por aquella energía verdosa que recorría las estruturas el lugar sería solo oscuridad. Había pasado varias horas semanales entrenando, cada vez con resultados más dolorosos para su cuerpo, los doctores se sorprendían de aquel daño. -Prismagic, otra vez te has exigido, un tiempo más y tu cuerpo hubiera colapsado- le informó el doctor que trataba sus heridas. -No lo sentí, cada vez que me exijo a este nivel, siento que soy capaz de destrozar cualquier obstáculo.- confesó, era verdad, el dolor no le interesaba solo quería el poder. -No entrenas para matar a algo de este mundo, esa fuerza que tienes, ¿Qué quieres romper?- interrogó el médico, era evidente que cada vez la fuerza de Prismagic se alejaba de aquel conocimiento. -Hay cierta revancha, que debo culminar- finalizó la unicornio mientras se preparaba para ser intervenida por el equipo medico.